Pocas propuestas es más eficaz que muchas propuestas


Efectivamente, a veces la abundancia es un problema. Por lo menos ante la política, una abundancia de propuestas de cambio o de contra reforma es siempre un problema. Además de ser lo más habitual, pues cada gestor desea dejar su particular firma en la sociedad que gobierna.

Pero este error en la política es también un error en la empresa, en la sociedad y sus necesidades, en todo aquello que debemos gestionar.

Siempre hay que plantear propuestas de cambio, para eso gestionamos y nos damos cuenta que todo se mueve, que todo se transforma. Pero la “cantidad” debe ser de un tamaño capaz de ser asumida por todos los afectados. Y para eso hay que saber emplear los tempos, distribuir las reformas, incluso en su anuncio. Saber elegir el momento y aprovecharlo para explicar muy bien las decisiones.

Muchas de las problemáticas no son tanto por las decisiones tomadas, sino por el anuncio de las decisiones que se van a tomar. Sobre todo si la tenemos que modificar antes de su puesta en funcionamiento. Genera mucho más “tic” problemáticos, que simplemente tomarla y anunciarla en ese mismo momento.

Por eso es trascendental plantear pocos cambios pero importantes y que agrupen dentro pequeños cambios, que pasarán mucho más desapercibidos al darse en el contexto de un cambio mayor. Y sobre todo claridad, pedagogía, detalle y explicación, realidad e información. Mucha información dando la cara y explicando.

Muchas reformas, muchas propuestas, son siempre ruido que convierten a gran parte de quien las escucha en personas asustadizas y por ello enemigos que se defienden. Pocas, bien explicadas y mejor planteadas servirá´n para ser entendidas y asumidas. 

La imagen es de este lugar que dejo el enlace.

Si no alcanzas la felicidad, salta más alto


Esta imagen, sacada desde Tumblr y publicada por “accionpoeticacolombia” nos plantea una acción clara para buscar más felicidad. Sencillo, pues solo depende de nosotros.

Ahora toca saltar más alto.

La imagen es de una calle del municipio Calima El Darién, Valle del Cauca.

Despedir a un trabajador es asumir el fracaso como empresario


Las empresas sin trabajadores no son empresas suficientes. 

Cuando una empresa despide a un trabajador está sumiendo su gran error al contratarlo, pues no ha sido capaz de tener plusvalías con sus trabajos. No ha sabido gestionar su empresa para obtener beneficios para toda ella y para él mismo.

Despedir es asumir el fracaso. 

Pero ahora está de moda despedir. Jugar a decrecer, a pensar que despidiendo se gana. Gestionar los RRHH no es aprender a despedir cuando es necesario, es aprender a gestionar mejor para no tener que despedir nunca. 

El futuro lógico de todas las empresas es crecer. España necesita empresarios que su meta sea la de intentar hacer crecer sus empresas. Para especuladores baratos ya tenemos las rémoras de hace décadas y sus familias de herencia empresarial.

Los clientes son infieles. Pero depende de tu gestión que sean fieles


Los clientes, eses seres maravillosos que nos pagan el sueldo, son infieles. Hay que asumirlo para saber tratarlos bien. Mejor. Repitamos todos en voz alta:

¡¡Los clientes son infieles!!

Pero no todos son infieles, efectivamente. Y curiosamente los clientes FIELES son los que nos reportan la mitad de nuestros beneficios, aunque sean menos de la mitad de los clientes totales. Un cliente fiel nos regala un valor añadido.

Un cliente fiel es el que habla bien de nuestra empresa y servicio, el que vuelve, pero además del beneficio por su servicio nos ofrece el beneficio de su palabra, de su trato, de su cuidado en el proveedor…, que somos nosotros.

Ese cliente fiel además compra más de lo habitual, compra productos más caros de la media y sobre todo no compra productos de la competencia, lo que nos hace más fuertes.

Un cliente es fiel cuando te compra tres veces seguidas a ti y no acude a la competencia. Si luego lo pierdes es responsabilidad tuya.

Hay dos momentos claves para ganar a un cliente y para lograr su fidelidad:

Cuando entra a comprar a tu servicio, y durante todo ese proceso.

Cuando entra a pedirte consejo para algo o sobre algo.

Hay que estar preparado para estos dos momentos. El cliente tiene dudas, solicita ayuda, nunca debe sentirse engañado, requiere atención y ser atendido con seriedad responsable.

Y por último, cuando ya es cliente fiel, él debe notar que se le trata de forma diferente al cliente esporádico, bien en atención o en precio.

Dos cambios básicos en nuestras formas de enseñar, para ser más útiles


En la formación española hay dos déficit perfectamente detectados, aunque seamos incapaces de resolver. El segundo idioma (recomendable inglés) y la oratoria.

Ambos déficit educativos nos lastran claramente en nuestras posibilidades laborales y lo asumimos. Perdemos puestos de trabajo aquí en España o fuera, por no saber defender nuestras posibilidades en una entrevista, por no saber construir un discurso en defensa de nuestra profesionalidad, por no lograr hablar en un inglés fluido.

Detectamos incluso que el niveles de inglés y de oratoria entre las personas de más alto nivel en la empresa, la política o la gestión, es inferior al que necesitarían, al que tienen en otros países con otros sistemas educativos. Pero seguimos sin hacer nada. Hay que aprender a explicarse bien, en al menos nuestro idioma e inglés. Y hay que saber leer perfectamente en inglés y a ser posible escribir bastante bien en este idioma.

Demos dos apuntes muy sencillos de gestionar desde los poderes públicos para mejorar nuestro nivel de inglés y para aprender a tener mejor oratoria.

Poner en España una cadena de televisión para aprender inglés, con películas y series sin doblar, algunas con subtítulos y otras en idioma original. Y dar clases de inglés en distintos niveles en la misma cadena pública, para complementar.

 Hacer en secundaria exámenes orales en algunas materias y enseñar a los alumnos a dirigirse al público, hablar y dialogar, organizar las ideas de forma oral, saber emplear el idioma no verbal y organizar las ideas para trasmitirlas con convencimiento.