Si las malas ideas triunfan, es que son buenas

A veces las construcciones son raras, vistas desde fuera resultan casi imposibles, pero algo las ha movido a ser como son. Y no me estoy refiriendo solo a las urbanas, sino también a las sociales, a las personas y sus decisiones, a las empresariales.

Hay veces que una idea, por si sola, es ya capaz de mover conciencias de grandes grupos. No se necesita más, ni desarrollarlas, ni plantear objetivos, ni ofrecer garantías. Solo con la idea ya sirve para creer en ella. Tal vez nos falta entenderla mejor y desarrollar sus espectativas.

El triunfo llega a veces por suceder en un momento especial, otras por ser la única idea, o la diferente, o caer del cielo cuando más agua se necesitaba para regar. Si logras creer y consiguen que otros crean, ya has logrado lo más complejo, crear sinergias víricas que se contagian ellas solas. Si además otros creen en ti o en tus ideas, están logrando que tú mismo creas todavía más en ti y desarrolles mejor tus proyectos.

Para que una idea triunfe no tiene que ser muy buena, no es necesario que se explique ella sola, incluso a veces, vista separada de su contexto nos puede parecer una mala decisión, pero si está triunfando será por algo y eso es lo más importante. Eso, y saber por qué lo está haciendo. Por que nos puede parecer irregular cuando la observamos desde fuera, parcialmente, desde otro punto de vista, pero si es la elegida será por la suma de varios conceptos. Adivina cuales y multiplícalos.

La Pirámide de Maslow del siglo XXI

Hablaba ayer de la pirámide de Maslow y de sus conceptos psicológicos de motivación que fueron diseñados por Abraham Maslow hace medio siglo. Pero hoy las situaciones de las personas han cambiado ligeramente, nada es importante todavía, y las tecnologías nos llevan tal vez a plantearnos estos escalones de otra manera. Sería la pirámide de Maslow 2.0 que también se emplea ya en el mundo empresarial, de los negocios y sin duda en el del conocimiento.

 En lo más básico tendríamos la conexión a internet, poseer un ordenador y un teléfono móvil, entender lo que es el email, lo que es un navegador. Hoy casi todo el mundo ya conoce y posee estos elementos que se han convertido en básicos. Y quien no los pueda conocer, está considerado el analfabeto del siglo XXI.

 En el segundo escalón tendríamos la seguridad, y para ello deberíamos conocer qué se puede y qué no se debe hacer con internet, conocer lo básico sobre contraseñas y seguridad, sobre antivirus, sobre claves de acceso a los programas o al teléfono. Sobre el camino que llevan las imágenes y textos que colgamos en la red y como se pueden convertir en una piedra en nuestro ascenso social.

 Si seguimos subiendo en esta pirámide actual y moderna, nos encontramos sin duda con las redes sociales, con Twitter y Facebook, con Instagram o con Pinterest. Con la necesidad de estar en contacto. Con WatsApp o Telegram como herramientas básicas para estar en contacto, para hablar escribiendo.

 El cuarto escalón lo ofrecen los blog y las redes sociales más elaboradas, la participación en reuniones de afines, los foros, la lectura de páginas informativas y de opinión.

 Y para finalizar y en el último escalón tenemos la creación de la personalidad y el reconocimiento a base de proyectos en conjunto con otros afines, de trabajos colectivos o de blog de varias personas, el ciberactivismo, las quedadas, el compartir lo que se crea.

¿Hasta donde quieren ustedes ascender? ¿Se sienten inmersos en algún escalón determinado? Pues esto es lo que hay. Pero no olvide de pasar siempre por el segundo escalón, el más importante para ascender.

Tres reglas básicas para tener reuniones de trabajo según Steve Jobs

Steve Jobs, el alma de Apple hasta su fallecimiento tenía tres reglas que además de básicas las consideraba imprescindibles para que las reuniones de trabajo funcionaran bien. Hay más, cada maestro tiene sus sistemas, pero no está de más conocer sus tres reglas básicas.

 Steve Jobs entendía que en las reuniones de trabajo, para que fueran eficaces, había que tenerlas con el mínimo número de personas posibles. Nadie debía estar haciendo bulto ni por duplicado. Cuantas menos personas, más tiempo dispondrían cada una de ellas en poder defender sus opciones, profundizando más en ellas.

En toda reunión de trabajo tenía que haber un responsable de cada área de trabajo de los asuntos que se fueran a tratar en la reunión. Esto suponía que todas las áreas quedaban enteradas perfectamente de lo hablado, y de que el resto de componentes de segunda línea hacia abajo, sabían quien era el considerado líder de cada sección, de cada responsabilidad.

No permitía que se dieran explicaciones utilizando medios tecnológicos, presentaciones, etc. Todo debía ser explicado de forma verbal, pensando quien lo hablaba de lo que realmente decía. Él quería que los asuntos se pudieran discutir y analizar en caliente, críticamente en el acto del análisis. Opinar y defender mientras el resto criticaba o defendía sus propias opiniones en igualdad de medios.

Dos formas de actuar en los negocios, el trabajo, las relaciones humanas

Vamos a realizar dos listas muy sencillas de entender, un decálogo de sensaciones y valores vitales.

Lista A:
Confianza
Seguridad
Sinceridad
Amor
Respeto
Escuchar
Aprecio
Empatía
Cooperación
Justicia
Ayuda
Compartir

Lista B
Codicia
Egoísmo
Envidia
Avaricia
Falsedad
Mentira
Inseguridad
Urgencia
Silencios
Desamor
Odios
Violencia
Injusticia

Estoy seguro que todos apreciaríamos la Lista A como la única buena. Que de la Lista B solo hablaríamos de errores sociales, de barbaridades, de insensateces. Pero lo cierto es que el sistema económico y social que nos hemos dado, el que tenemos por que así nos lo hemos encontrado y lo mantenemos y alimentamos, nos lleva a la Lista B. No es posible con nuestro sistema económico actual trabajar con pautas como las de la Lista A. Incluso nos siguen enseñando a funcionar desde los conceptos de la Lista B.

Todos queremos beneficios rápidos, sin darnos cuenta si eso supone quitarle los beneficios a los que nos rodean. Y siempre que es así, como no somos nunca la punta del vértice que toma las decisiones, aunque podamos quitarle a alguien sus beneficios —sean del tipo que sean—, seguro que otros alguien nos los están quitando a nosotros. Admitimos pues que estamos en una pelea constante por quitar a otros los que también nos quitan a nosotros.

Y si somos de los que perdemos, es decir, de los que estamos abajo, ¿por qué no nos ponemos a pensar, que siempre hay alguien con mucha más fuerza que nosotros, que es quien realmente nos gana siempre, y que este tipo de batallas están realizadas con trampas? Si somos capaces de analizar estas desigualdades de oportunidades de defensa, sabremos que hay que cambiar de lista a la hora de decidir cómo actuar.

El sistema actual nos manda trabajar con arreglo a la Lista B, para así obtener más beneficio. Pero desde la Lista B estamos perdiendo pues lo normal es que nuestra competencia también trabaje desde la Lista B, y también nuestros proveedores, nuestros bancos, el que nos alquila el local, incluso nuestros trabajadores que ya conocen estas teorías de juegos.

Tendremos los que piensan que si actuando con la Lista B perdemos, ni te cuento lo que sucedería si actuamos con arreglo a los conceptos de la Lista A. Pues eso con perdón, es creer que los que empleen la Lista A son seres inferiores y tontos. Y yo creo que no lo son, admitiendo que sin duda son diferentes.

Igual que decidimos que un cliente nos sobra por que nos ofrece una rentabilidad nula, nos puede sobrar por que sus formas de actuar no entran para nada en la Lista A y nos complica la vida. Cuando un cliente nos sobra, lo mejor es entregarlo a nuestra competencia, pues para perder nosotros con él, lo mejor por egoísmo (Lista B) es que pierda nuestra competencia. Pero también es posible que así el cliente aprenda a tener empatía con sus proveedores (Lista A) y por ello rectifique en sus formas o en sus precios.

Avisar eso si, que nadie ha dicho que esto sea sencillo. Pero seguro que es positivo.

Nunca hay que comparar a los niños entre ellos. ¿Para qué sirve?

Los niños no aceptan nada bien que se les compare con nadie. Mucho menos si es en plan negativo. Ni son tan altos como papá ni como el primo, ni son iguales al vecino del segundo ni al amigo de la calle. Cada niño es diferente y eso es maravilloso. Pero si nos escuchan decir que algo es diferente, a ellos eso les repatea pues no entienden bien si es para mejor o para peor.

Todas las comparaciones son odiosas y en niños que van cambiando de muy diferente forma según crecen en edad, más todavía.

Yo tengo un amigo que con 12 años era bastante bajito; yo ya había crecido hasta superar la media. Hacíamos una pareja curiosa y mi amigo tuvo que sacar mala leche para defenderse. Era lo básico. Mis padres equivocadamente me decían que parecíamos el punto y la i, y yo odiaba esa frase. Hoy, seguimos siendo muy buenos amigos, los dos estamos igual de altos como nos sucedió a partir de los 15 años. Si mi amigo hubiera escuchado los comentarios de mis padres es posible que lo hubiera perdido.

Nunca deben saber los comentarios de adultos sobre sus figuras, sus inteligencias, sus formas y fondos. Están creciendo como personas y sobre todo necesitan mucha educación y ayuda. Debemos ser justos con ellos y darles todo el amor para que sean más capaces cada día.

La humanidad se divide en tres clases de personas

¿Y si los humanos nos dividiéramos en tres clases de personas? Pocas son ¿no?

Los inamovibles.
Los móviles
Los que se mueven

 Los que nunca se mueven, siempre permaneces fijos y por ello ni crecen ni son capaces de lograr grandes objetivos.

 Los que son movidos por otros, los móviles pero que se cambian de posición si son otros los que los cambian.

 Los que efectivamente se mueven por que creen que así podrán elegir entre más posibilidades, los que saben buscar y admiten que en ese movimiemto se pueden equivocar.

Mario Alonso Puig nos recuerda a Platón y a Ortega y Gasset, en positivo

El diario El Mundo entrevista hoy domingo al doctor Mario Alonso Puig que trabajó varios años en EEUU y hoy se dedica más a la superación personal, y a enseñar a crecer en la excelencia personal. Os dejo algunas de sus frases, como ejemplo de pensamiento válido que ayuda a crecer.
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El estado de ánimo de un grupo, de una sociedad, afecta a los resultados que se obtienen, al nivel de eficiencia, pero también a la salud física y mental.



Hoy se sigue leyendo a Platón porque tiene vigencia. Estamos hablando de principios y eso resiste el paso del tiempo, esas referencias no varían. Siempre es más fácil tomar una posición de víctima que de protagonista. A veces las excusas son tan fáciles que quedamos atrapados ahí, pero eso, finalmente, genera resentimiento, frustración, reduce la eficiencia y, además, empeora la salud. Sentirse víctima es un estado de ánimo muy tóxico y, en algún momento, hay que dar un puñetazo en la mesa y decirse "yo no nací para una vida mediocre, sino para una vida llena de orgullo y de ilusión".



Decía Ortega y Gasset que yo soy yo y mis circunstancias, y claro que estas tienen impacto. Condicionan pero no determinan. Es verdad que hay circunstancias en las que se percibe más la ilusión y hay entornos que hacen lo opuesto, que ponen difícil que se pueda vivir con esa pasión.

Para formar: la escuela. Para educar la familia

La viñeta no sirve para generalizar, y menos mal. Pero es cierto que los cambios en las familias avanzan hacia lo que refleja. La educación no es un asunto del colegio, sino de la familia. En las escuelas se aprende, se forman las personas, pero la educación debe partir de la familia. En las escuelas se intenta enseñar esa educación social básica, y sobre todo se intentan fijar pautas y hábitos sociales. Pero en la escuela se está 30 horas a la semana de un total de 168 horas totales y aquí no contamos las vacaciones.

Para formar la escuela. Para educar la familia. No tenerlo en cuenta es una equivocación.

Muchas veces lo que nos detiene, está solo en nuestra mente

A veces, muchas veces, lo único que nos detiene somos nosotros mismos, nuestra forma de pensar, nuestra mente que nos engaña pues nos han enseñado a tener miedos, a pensar que no somos capaces de lograrlo.

Muchas más veces de las que creemos, nada nos impide lograr los objetivos. 

Somos nosotros los que nos ponemos los frenos, las puertas cerradas, las ganas de estar quietos. 

Depende de nosotros mismos que tengamos más libertad, más éxito, más excelencia en nuestras labores y trabajos. 

¿Quieres soltarte de la cuerda que te ata a ningún sitio?

Demostrar cariño a un niño es enseñarle a querer

Demostrar cariño a un niño es fundamental para que aprenda a crecer, pues le da confianza, seguridad, autoestima. ¿Pero cómo le demuestro al niño ese cariño?

Hay que tocar, hablar, gesticular, estar presente, ser agradable en el trato. No es tan complicado ¿no?

Tocamos poco, damos pocas caricias, nos masajeamos muy poco. Para los hijos el contacto personal es una necesidad de seguridad. Hay que abrazar, coger las manos, limpiarle las lágrimas cuando llore, tocarle cuando le estás contando un cuento. Esto no es entregarlo mimos en exceso, es darle seguridad cuando son pequeños, es decirle te quiero con demostraciones de afecto.

El tono de la voz debe ser agradable, suave, bajo, sin enfados. Y los gestos deben acompañar a las palabras. Si nuestro hijo, el niño, piensa que estamos felices, él estará feliz. Y al revés. Él sabe detectar cualquier cambio de humor, nuestras preocupaciones. Y recuerdo que decirle que le amas es parte de esa necesidad. Él lo sabe por los gestos, pero también necesita escucharlo. Como los adultos, efectivamente.